lunes, 20 de enero de 2014

Vomito.




Dejé de cogerlo
hace mucho tiempo.

Estoy vomitando.

Cada vez más.
Hojas verdes en las aceras.
Y cada vez más barreras.
Y cada vez más mierda.

De los reyes y los dioses
sólo se sabe lo que cuentan.

La gente es feliz
porque se la suda
lo que pasa.

Es que esos cabrones
ni pasándolas putas
se levantan.

La bazofia ya
no le tiene miedo a nada.

El pueblo es una broma.

Asterix y Obelix
acabaron en el club Megatrix
comiendo rabos romanos.

A ellos se la suda.
Porque una boca
con una polla dentro
siempre es muda
y nosotros NUNCA
mordemos.

Seguimos pagando.
Nos siguen violando
derecho a derecho.
Seguimos tragando.


Hasta que vomitemos.

(S)

martes, 19 de noviembre de 2013

Tú yo muchacha estamos hechos de nubes.




No me dieron más armas que unos ojos
ni otro lugar del mundo que estas calles
inmundas de cegados corazones
que destripan la vida a ras de rabia
mientras les sobreviven como riegan plantas.

No hay peor juez que aquel que teme al libre,
no hay peor rehén que el libre que es juzgado
por dar su nombre a cara descubierta
en lucha por la vida que nos drenan
los que tienden la suya en nuestros patios.

Una peste carcome nuestra patria,
un canceroso réquiem de cadenas
se avecina oprimiendo las laringes.

Depredáis la libertad que os justifica
con golpes animales que dan brazos
que no han de responder en vuestro nombre.
Vedáis la corrupción con torres altas,
tendéis cepos legales al progreso,
encenagáis la voz de los que sufren
con ruido de sirenas y disparos.

Cuando se oculta al mundo la barbarie
germina el despotismo en la injusticia.

¡Qué triste es blindarte de tu pueblo!
¡Rehuir el rostro al fuego de tu causa!
Culpar de la opresión al oprimido,
despedazar el dedo que te apunta
para poder seguir despedazando.

Todos, corruptos vanos y excelentes,
adalides del orden que yo ordeno,
tiranos incapaces y cuatreros
que prenden fuego al borde de su casa;
Todos, palmeros grises recogidos,
monaguillos silentes e infelices
que se renuncian como atriles rotos
para la ideología del bocado,
implacables prudentes que enmudecen,
santifican los nombres de ladrones
que no hundan más la mano en su bolsillo.
Todos, jueces serviles, periodistas,
burocracia de lodo y pestilencia,
autómatas caníbales que dejan
morir la libertad de otro en sus brazos

los que arrancan la piel que se levanta,
los que dejan sin ojos al que ve su rostro,
los que matan al hombre que no se somete.

Qué cobardes sois todos y qué débiles,
que no hay en vuestro pecho otra defensa
más que el oscuro amparo de la duda,
que vuestras manos hieden a violencia
exenta de peraltes ni coartadas.

Sepa el mundo que estamos en la cárcel,
península sangrienta de indolentes
que ven humo en sus manos y no apagan
por miedo a no saber qué hacer con ellas.

Sepa el hombre que España no ama al hombre,
que es hostil a la vida y al deseo,
que no halla más que ruina en su letargo.

Y sepa que se acusa en su silencio.

A una persona honrada no le importa

que sus manos sean vistas sobre el pan que gana.

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¿Para cuándo el anteproyecto de ley para poder tirar la puerta de mi casa y dejarme parapléjico por escribir esto?

lunes, 29 de julio de 2013

Seguirás igual de sucio aunque te laves.



No importa la hora
sólo que está oscuro.

Nacho está tocando
la guitarra.

Yo miro
por la ventana abierta
del verano.

Disfruto de los sonidos
y sus secuaces.

Una familia de gitanos
es feliz con nada.

Suena absurdo
pero no importa.
Suena algo de Nirvana.

Los niños se persiguen,
juegan,
aprenden familia.

Se esconden de la vida
y sus tacones.

Se vuelven feroces y distantes.

Pienso
ya que es mi forma
de diseccionar el tiempo.

Los coches
dan absurdas vueltas,
les pitan intransigentes.

En el fondo
nunca han tenido chances.

Miro hacia otro lado.

Casi siempre
me levanto con ojeras.

Con las gafas
todavía puestas
y un libro al lado
con las páginas dobladas.

Refunfuñando
porque hoy
tampoco

se ha acabado el mundo.

(S)

jueves, 27 de junio de 2013

Para cantar palabras que no sean de papel...



Los labios de Selene me cautivan
semiabiertos al centro de la noche,
serpientes tortuosas que me esquivan,
amantes de la fábula sin broche.
Los labios de Selene son su cara,
son sus piedad envuelta de reproche,
su luto salpicado de luz clara,
minuto en el destierro de la vida.
Los labios de Selene son la vara
que azota la memoria del suicida.
Selene que se llama como todas,
que araña la neblina que la cuida
enarbolando el no de los rapsodas.
Selene se amamanta del ensueño,
Selene es la otra novia de las bodas,
no tiene más que el pálpito por dueño.
Barniza las almohadas con su aliento,
moja el consuelo dulce en el empeño
y no esconde más hilo que el momento.
Efímera como una pesadilla,
tormenta impetuosa sin asiento,
frugal como un besito en la mejilla,
tardía invocación de abracadabra...
Al fondo de mis ojos algo brilla
cuando su paso el pecho ardiente labra
y nunca dice al tiempo si va o viene
y se funde el suspiro y la palabra
se repliega en los labios de Selene.

5 años: http://loslabiosdeselene.blogspot.com.es/2008/06/y-algunas-veces-suelo-recostar-mi.html


http://www.youtube.com/watch?v=Olg2s8OQl1U

Recordar quiénes fuimos y quién queremos ser.

jueves, 2 de mayo de 2013


Dando vueltas en la cama
ya escucho otra vez los
truenos.

Fugaces gotas de agua
suavemente esparcidas.

Intento forzar el frío
porque comienzo
a frustrarme.

Cielo,
¿por qué tú
puedes tronar
y yo no puedo?

Conocí a unas cuantas:
mi abuelo,
un amigo,
un perro,
algún poeta,
algún maestro.

No hay manera.
No llega.

Intento forzar el frío
porque necesito sentir
que siento.

Reboso nubes
pero

de incertidumbre.

Quizá mamá
tenga razón y
haya nacido
vacío
por dentro
pero con un
agudo talento
para la lluvia.


(S)


sábado, 13 de abril de 2013

Y yo que me creía Steve McQueen.




DESCONSOLADOR
0.
0. Un robot no puede causar daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño.

Ley Cero de la Robótica, Isaac Asimov.


Ese artilugio que disimulas en las sábanas,
ese placer que ocultas como un templo
entre las piernas,
ese hacha que entierras como un rayo
donde no llega la luz de las miradas
y donde yo ya no pinto nada

me ha golpeado en el meñique
cuando lo has dejado caer en tu rubor
maldiciendo lo descuidada que eres
pero me ha hecho más daño en el corazón.

No debí subir a tu casa,
no estaba preparado
pero siempre te ha costado
muy poco convencerme de que te siga,
he sido automático.

Pero no tanto.

Ese dispositivo de amor que me reemplaza
(en el mejor de los casos me reemplaza)
cumple con un silencio más versátil.

Casi lo oigo vibrar en tus adentros,
como nuestro amor nunca lo hizo de sonoro
y te oigo gemir sólo para ti misma
con un eco perverso ensimismado
y cambiarlo a tu voluntad de ritmo,
de encuadre,  de estatura
y acompañar la fiesta con tus manos
lejos de aquel patrón de maniobras
en que te erigías cuando estaba sobre tu cuerpo
como lagarto al sol los días de tristeza
que ya quedan atrás o tan adentro.

Si por lo menos fuese otro hombre,
sabría que viene con errores de fábrica,
como todos,
pero esto es improbable que lo haga,
es invulnerable,
indestructible,
diseñado sólo para hacer frente
a una parte muy específica de mí
contra la que nada vale mi ser enteramente.

Pensé que sería ese cachas del gimnasio,
ese compañero de inglés tan gracioso y tan ahostiable
que tenías
que decía que cómo te lo hacías con “eso”
¡con “eso”!
Yo siempre pensé que se refería a mí.

Pero no,
por una pieza de ingeniería “made in China”
por si me podías echar menos de menos,
por si podía haber una transición
más inerte y vulgar hacia el olvido,
yo no quería más de lo que le das a él

Me conformaba con eso,
con saber que no tengo otra cosa que hacer,
con ser un bálsamo,
un resorte repentino que introduces
donde te falta algo.

Yo he llegado a todos tus rincones
con partes simultáneas de mi cuerpo
y vas a decir que no era para tanto
y a tus amigas que “es que tenía otras cosas”
y además estabas muy confusa
y esas otras cosas que tengo y yo
nos iremos
a tirar piedras a algo que no sufra

pero tú te quedarás con el deseo
aplacado
de que es mejor acompañarse a uno mismo
que llorar por compañías pasajeras
que escapan del arco que una mano
puede formar a su alrededor.

Y se irá mi abrazo al despertar
como algo prescindible
y eso que siempre decías de que vaya más despacio,
de que parece que me están dando calambres,
de que no se trata de sacar petróleo ni hacer sangre
que parece que he aprendido con un saco de patatas,
que a dónde voy
que por aquí no es
que no sabes qué coño quiero.

Pues está muy claro qué coño quiero,
pero ya da igual,
me iré

te daré un abrazo

porque YO TENGO MANOS

por eso no me hace falta un cachivache

y me iré.

Cuando has dicho “perdona el desorden”
he pensado que está todo demasiado ordenado,
que el desorden era lo que me gustaba.
Te he dicho que quizá deba marcharme,
que tu habitación es algo muy privado
como si tu vagina no lo fuera lo bastante.

Me iré con la esperanza vieja
de que quizá entre todo esto
hubiese un hueco para discutir abrazados
lo mal que lo estamos haciendo
¿Por que qué coño es estar unidos
si no hacer caer en el error por gusto?

que al fin y al cabo, amor,
somos objetos
como todo lo que te metes por tu

soledad.


jueves, 28 de marzo de 2013

Escribo cuando el corazón se atranca.



I

Se acerca el buen tiempo.
Los verdes y rojos
comienzan a ser deseables.
¿Qué es una fotografía
sin su historia?
¿Qué es un cuerpo
sin otro cuerpo?

II

Aventuras.
Ese es mi deseo.
Quiero ver al miedo
explotar y abrir sus fauces.
Quiero fotografiar ese momento.

III

La peor luz de todas
es la de los soldados
que mueren codo con codo,
sombra con sombra,
casi callados.

IV

Rumor de balas.
Flashes y fuego.
Nada luego.
Nada.

V

Quedó partido
el humo negro
en un corte
interminable.
Allí,
en el cielo de nadie
estábamos nosotros
mirando las ruinas
iluminadas por el sol
del atardecer,
ausentes,
sin horizonte
al que culpar
de nuestro ensimismamiento.
Tratábamos de no oler la sangre
apelmazada en las trincheras.
Nadie hizo ademán
de coger la cámara.


VI

Volvamos a casa
y que mañana nos
llamen cobardes
si se atreven.
Criticarán las fotos
borrosas,
las de la cámara
temblorosa,
las de los sobresaltos
en la inquietud de la
noche.

VII

Se rompieron
en el tiempo
las promesas.
Algunas cartas
ardieron.
Hubo fotos
que no llegaron
a tomarse.
Nadie
saboreará
esos adioses
ni esos te quieros.
Excepto yo.
En las intrincadas
fauces del miedo
se escribieron
esas líneas,
esos versos.
Míos ahora.
Mi secreto
inconfesable.
Puro arte
alrededor de un
pequeño pensamiento:
“Quizá mañana
de mi,
sólo quede esto.”

(S)