
Mi historia es una crónica
de besos en el destierro
adheridos a una cama
que no se posa en el suelo.
No regalarán sus líneas
el final feliz que quiero
al ojo que descerraja
la yema de su lamento.
Empieza con una duda,
como empieza todo, y luego
se retuerce en una hiedra
de difusos sentimientos.
Por ella pasa una plaza
bañada por un recuerdo,
un labio trémulo encima
de una confesión sin dueño.
Sobran dardos en la diana
de los corazones nuevos
y perchas en el olvido
y calles en el espejo
donde abrazar un abrazo
y quererse desde lejos.
El cauce de los latidos
se escribe con pocos versos
que no regalen cosquillas,
entradas para un concierto
y temblores de pestañas,
la cáscara del invierno,
piélago de pesadillas
y pintalabios violentos.
Compartir el abandono
enamora hasta a los muertos.
En su más íntima pulpa
mi historia tiene remiendos,
pétalos parcheados,
adrenalina de incienso,
bigotes enfurecidos
y sábanas de cemento.
Colmada de antes de ayeres
la agenda de los secretos
las semanas se indigestan
con el licor de los besos.
La anarquía atropellada,
desvalijando recuerdos,
se diluye en procesiones,
eclipses de firmamentos,
lágrimas sin cobertura
en el bastidor del tiempo,
alcobas estranguladas
por mañanas de sarmiento
y una despedida helada
con el limón de un refresco.
Mi historia acaba en un antes
como acaba todo, y ellos
son dos títeres de niebla
en el cuaderno del tiempo
y nada pueden deciros
más de lo que aquí yo os cuento.
Me han contado que de amor
lo sabe todo el silencio.
[H&C]
de besos en el destierro
adheridos a una cama
que no se posa en el suelo.
No regalarán sus líneas
el final feliz que quiero
al ojo que descerraja
la yema de su lamento.
Empieza con una duda,
como empieza todo, y luego
se retuerce en una hiedra
de difusos sentimientos.
Por ella pasa una plaza
bañada por un recuerdo,
un labio trémulo encima
de una confesión sin dueño.
Sobran dardos en la diana
de los corazones nuevos
y perchas en el olvido
y calles en el espejo
donde abrazar un abrazo
y quererse desde lejos.
El cauce de los latidos
se escribe con pocos versos
que no regalen cosquillas,
entradas para un concierto
y temblores de pestañas,
la cáscara del invierno,
piélago de pesadillas
y pintalabios violentos.
Compartir el abandono
enamora hasta a los muertos.
En su más íntima pulpa
mi historia tiene remiendos,
pétalos parcheados,
adrenalina de incienso,
bigotes enfurecidos
y sábanas de cemento.
Colmada de antes de ayeres
la agenda de los secretos
las semanas se indigestan
con el licor de los besos.
La anarquía atropellada,
desvalijando recuerdos,
se diluye en procesiones,
eclipses de firmamentos,
lágrimas sin cobertura
en el bastidor del tiempo,
alcobas estranguladas
por mañanas de sarmiento
y una despedida helada
con el limón de un refresco.
Mi historia acaba en un antes
como acaba todo, y ellos
son dos títeres de niebla
en el cuaderno del tiempo
y nada pueden deciros
más de lo que aquí yo os cuento.
Me han contado que de amor
lo sabe todo el silencio.
[H&C]
Que mi voz suena más baja cuando grito…
Dime si has escrito alguna vez para alguien poesía secreta.
¿Habré de ser, pues, como éstos?
(La vida se detiene aquí)
Llamea un sauce en el silencio.
Valía la pena ser feliz.